Lucía Moholy, cien años después

Recuerdo la exposición que se organizó en el 2016 comisariada por María Millán para la Fundación Loewe, en homenaje a Lucia Moholy. Este es el nombre con el que la conocemos después de contraer matrimonio en 1921 con László Moholy-Nagy figura relevante del arte del s. XX.

Autorretrato, 1926

Fotógrafa, crítica de arte, historiadora y docente, su trabajo, si fue revelador para ahondar en la filosofía y la estética llevada a cabo por la Bauhaus, es hoy todavía, fundamental.

Lucia Schulz nace en 1894 en el seno de una familia acomodada, con una educación completa en idiomas. Asiste a clases de Filosofía e Historia de Arte. Pronto abandona el hogar familiar con el deseo de ser una mujer independiente. Aburrida de su Praga natal se instala en Wiesbaden, la Niza del norte, donde varios nobles rusos se instalaron antes de la Revolución de Octubre, comenzando a trabajar como secretaria de redacción.

El tomar las riendas de su futuro la inscriben en el fenómeno sociológico de la “nueva mujer” (Die neue Frau) con el que se denomina a las mujeres, en su mayoría procedentes de una burguesía ilustrada que tras la Gran Guerra comienzan a insertarse en el mundo laboral y artístico.

Después de varios tumbos, en abril de 1920 conoce a László Moholy-Nagy (1895-1946) contrayendo matrimonio al año siguiente. Es entonces, cuando la pareja comienza a desarrollar una carrera artística e intelectual. Lucia disciplinada y racional, corrige los textos teóricos que publica su marido, un artista obsesivo al que le resultaba difícil el manejo de la palabra.

Desde entonces la pareja realiza interesantes experimentos fotográficos, en especial con los “fotogramas”, la forma más esencial de experimentar el efecto de la exposición lumínica, los movimientos de juegos de luces sobre el papel fotosensible. Esta investigación se publica en número 7 de la revista De Stijl con el título “Producción-Reproducción”. Este texto, como muchos fotogramas, aparecen firmados por el marido, excepto uno de 1923 en el que aparece lo perfiles de ambos, como símbolo de una “alianza simbiótica” que formaron durante el periodo de su matrimonio.

En este año László es llamado por Walter Gropius a la Bauhaus de Weimar. Pronto comienza en el estudio fotográfico de Otto Eckner. La fotografía se convierte en su principal aspiración, lo que hasta ahora había aprendido de forma autodidacta se afianza en el conocimiento técnico y experimental. Al mismo tiempo Gropius decide dar a conocer los productos de la Bauhaus a través de folletos y publicaciones. Lucia realizará las primeras fotografías de “retratos” de los diseños creados por Walter Gropius, Anni Albers, Marianne Brandt, Wassily Kandinsky y su marido, entre otros.

László Moholy-Nagy fotografiado por Lucia Moholy, 1925

En este año László es llamado por Walter Gropius a la Bauhaus de Weimar. Pronto comienza en el estudio fotográfico de Otto Eckner. La fotografía se convierte en su principal aspiración, lo que hasta ahora había aprendido de forma autodidacta se afianza en el conocimiento técnico y experimental. Al mismo tiempo Gropius decide dar a conocer los productos de la Bauhaus a través de folletos y publicaciones.

Lucia realizará las primeras fotografías de “retratos” de los diseños creados por Walter Gropius, Anni Albers, Marianne Brandt, Wassily Kandinsky y su marido, entre otros.

Defendiendo la belleza de la línea, la pureza de las formas con una estética aparente desapasionada para centrarse en los valores absolutos del objeto.

Diseño de Marianne Brandt para Bauhaus.

Revolucionó la forma de posicionarse, acoge la cámara como parte del movimiento del cuerpo, creando perspectiva audaces e inesperadas, ángulos drásticos desconocidos para una mirada que deambula por lo cotidiano.

El traslado de la Bauhaus a Dessau en 1926 viene documentado por Lucia Moholy, será la encargada de realizar las fotografías de los nuevos edificios, las casa de los maestros y sus interiores.

La sinceridad permeable de sus imágenes remiten a la estética de la escuela, que apostaba por la sencillez práctica del objeto asistido por una belleza de formas puras. Esto contrasta con las composiciones de los retratos de sus compañeros, a los que recorta la cabeza, o sorprende con giros de cámara poco habituales. Ya entonces, era una artista avanzada para su época.

Las publicaciones de la Bauhaus, como el libro de Gropius ‘La nueva arquitectura y la Bauhaus’ al que aportó más de cincuenta fotografías, su nombre quedó velado. Poco tiempo después, el matrimonio se desvanece pero no su colaboración profesional.

Instalada en Berlín y acompañada por su afán de superación obtiene sus primeros reconocimientos públicos. La compleja situación política de Alemania provocará el exilio de varios artistas. Un largo peregrinaje la llevará a Londres en 1934 donde contacta con la aristocracia y los círculos académicos. Pronto se convierte en una reconocida retratista de la alta sociedad, además de profesora en escuelas de renombre. En 1938 con el motivo de conmemorar el centenario del daguerrotipo, recibe el encargo de escribir un libro sobre la historia de la fotografía. En Cien años de fotografía Moholy vuelca todo su conocimiento y experiencia, hoy considerado como una publicación fundamental para la historia de este medio.

Bauhaus Dessau, 1926

La relación amistosa que mantenía con Gropius y su mujer se enturbió en el momento que ella supo que los negativos de sus fotografías de Bauhaus, que creía perdidos, estaban en sus manos. Esta ofensiva se publica en un artículo titulado “The Missing Negatives”. Hoy en día su legado se mantiene en el Archivo de la Bauhaus en Berlín.

Tras jubilarse en 1959 se instala en Zurich ejerciendo la crítica artística, e instituyéndose como la gran especialista de la obra de László Moholy-Nagy.

Fue una de las creadoras indispensables,  “anónima colaboradora” y testigo directo de la vida de su marido como de la época más fructífera de la escuela de la Bauhaus.

Es hora de apreciar la aportación de su trayectoria artística a la vanguardia.

Gracias, Lucia.

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