Ser único tiene un valor incalculable

En el año que nace Picasso (1881-1973), Sorolla llega por primera vez a Madrid con una gran ilusión, presentar tres obras para la Exposición de Bellas Artes.


No fue fácil dedicarse a lo que él más amaba. En aquellos años, mientras asistía a la escuela, ayudaba a su tío en el taller que tenía de cerrajería. Joaquín no podía evitar entretenerse haciendo pequeños dibujos.

El profesor se dio cuenta de que tenía un talento especial para el dibujo. Después de convencer a su tío para que lo dejara asistir a la Escuela de Artesanos de Valencia, Joaquín acudía por las noches sin falta a recibir las clases de quien sería su primer mentor y amigo de por vida, el escultor Cayetano Capuz.

Poco después, a los 15 años, se matricula en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, lo que supuso una formación en toda su totalidad. Dibujo del natural, bodegón, paisaje e incluso marinas, que será el género que presente en Madrid y que pasarán desapercibidas. 

Aun así, este primer viaje será de gran provecho, descubre en el Museo del Prado a los artistas que van a ser sus principales referencias en el estudio del estilo naturalista, Velázquez y Ribera.

Entender la figura sobre el fondo, sus formas y proporciones, la relación con el espacio dentro del cuadro, la luz que lo ilumina, el tono y color que alumbran la obra. 

Son muchos aspectos a calibrar. El ojo se educa mirando, corroborando, analizando la línea y el trazo expresivo. Mezclar el color, llegar al tono adecuado, las infinitas sutilidades de las carnaciones, como la de los blancos, uno de los ejercicios más complejos durante la formación pictórica.

Todo esto confirma una formación técnica, mientras que la impronta de la pincelada queda marcada por el carácter del artista. Es inevitable, su huella gestual, al igual que la dactilar, es su marca genuina.

Sorolla consigue llegar a ser un pintor con una formación excepcional, ningún género se le resiste. 

Sin embargo, es cuando él decide ser él mismo, que rompe esquemas impuestos. Ese es el Sorolla que admiramos, el que identificamos, el que causó sensación y el estilo con el que encumbra su carrera. 

Ser único tiene un valor incalculable. Eres tu propia marca, has sabido crear tu propia huella. 

Generar un logro sin precedentes. Esto es el éxito de un gran genio. Y que sin duda, pueden impulsar muchos más avances.