La vida familiar de Sorolla

Clotilde Sorolla acompañó al pintor a lo largo de la mayor parte de su vida, apoyó e impulsó su trayectoria artística. Esta mujer de gran personalidad, más que una acompañante de vida, fue motivo de inspiración para su obra. Y no solo ella, también su familia. Pero, quién era ella, ¿cómo fue su vida antes de conocer a Joaquín?

Clotilde de niña

Clotilde nació en Valencia en 1865, era la tercera de los cinco hijos del famoso fotógrafo Antonio García. Vivía en la casa donde su padre tenía su estudio, en la Plaza de San Francisco, 10.

Poco sabemos de ella. La bonita letra de sus cartas, su ortografía correcta y su conocimiento del francés, nos permiten suponer que tuvo una educación esmerada, sabía traducir y escribir.

Todo comenzó siendo ambos adolescentes. Joaquín asistía a la escuela de Bellas Artes desde los 15 años. Allí hizo amistad con Juan Antonio, Tono, el hermano de Clotilde, que conociendo las necesidades del joven pintor se lo presentó a su padre, con quien empezó a trabajar en su estudio de fotografía


Cuando le conceden una segunda medalla en la Exposición Nacional de Madrid por su cuadro “El dos de mayo de 1808”, su relación ya estaba consolidada.

Sorolla se presenta al concurso que organiza la Diputación de Valencia para obtener la pensión o beca de estudios en Roma y el tribunal votó unánime a favor de Sorolla para continuar sus estudios en la ciudad eterna.

Clotilde le regala, cuando parte para Italia, pensionado por la diputación de Valencia el primero de enero de 1885, una postal de la Virgen de los Desamparados de Valencia.

En 1888 consigue una prórroga de su pensión y regresa a Valencia para contraer matrimonio con Clotilde. Una fotografía tomada por el padre de la novia recoge el inicio de esa vida en común llena de ilusiones y esperanzas.

Antonio García Peris, El matrimonio Sorolla 1888 Albúmina. Positivo antiguo Carta fotográfica 12 x 12 cm. Museo Sorolla.
Joaquín Sorolla, Nota de color, 1888-1889 Óleo sobre tabla (13,7 x 25,5cm) Museo Sorolla

Al regresar a Italia, por recomendación de José Benlliure, se instalan en el pueblo de Asís. Joaquín pintaba acuarelas para mandárselas a un señor llamado Jover, como cuenta Clotilde, para que los expidiera a Buenos Aires, Chile, pero con la guerra de Cuba acabaron los encargos, y como dice Clotilde “de todo nos salvó el esfuerzo y la voluntad de mi marido”

“como tú, recuerdo casi con sentimiento el que nuestra vida no sea la que hace mucho tiempo, como era antes, en que siempre estaba contigo en el estudio, te servía de modelo, y luego hacíamos nuestros paseos, antes de cenar, comiendo castañas o quisquillas, y que realmente pocas horas estábamos separados; pero que se va a hacer, los tiempos cambian, los hijos crecen y las obligaciones son otras […]”

Clotilde a Sorolla, Madrid, 23 de febrero 1908 
Joaquín Sorolla, Clotilde con María y Joaquín 1895 Acuarela/papel_12,5 x 28 cm. Museo Sorolla

Sorolla siempre contempló a Clotilde con profunda admiración. Gran parte de su obra se centra en ella, en su familia, sus motivos más cercanos, cotidianos. Los retrató en incontables ocasiones en todo tipo de actitudes, escenarios. Sola o en familia, o en la más absoluta intimidad, Sorolla consigue transportarnos a la profunda admiración, e incluso devoción, que el artista sintió por su esposa.

Mientras Sorolla vivía volcado en su quehacer artístico, incansable en prosperar en su trayectoria profesional, una vida de continuos viajes, largas ausencias del hogar familiar, Clotilde se fue convirtiendo en el alma que regía la casa.

 

Musa, esposa, madre, administradora…, tras la fuerza creadora de Sorolla, se hallaba esta figura aparentemente sencilla, e incluso de frágil aspecto, que vertebraba completamente su vida. Así lo hizo desde su juventud hasta el final de sus días, e incluso más allá, pues supo gestionar su memoria una vez fallecido el pintor.

Fue ella quien en su testamento de 1925 legó al Estado español la casas y las colecciones que pertenecían a la familia para que se creara el museo en memoria de su marido. Un gesto sin igual, de una gran generosidad. El legado fue aceptado en 1931 mediante una Real Orden que clasificó a la institución como “Fundación benéfico- docente de carácter particular”

Este es un solo detalle que invita a que conozcamos mejor la figura de Clotilde, la de Sorolla y su vida familiar a lo largo de este mes de mayo

Joaquín Sorolla, Mi mujer y mis hijos 1897-1898 Óleo/lienzo 160 x 150 cm. Museo Sorolla