La luz que les vio nacer

Joaquín Sorolla y Bastida nace en una noche de invierno, el 27 de febrero de 1863 en la calle Nueva del antiguo barrio de pescadores de Valencia. Bautizado bajo un signo de agua como es Piscis, este, le concede todos sus dones: sensibilidad, imaginación, e intuición. Tanta, como para nunca alejarse del mar que le vio nacer.

Su nombre aún riela como el más grande pintor de la luz.

Pablo Ruiz Picasso nace 18 años después, el 25 de octubre de 1881, casi a medianoche, en una gran casa blanca de Málaga, en el sur de España. Su penetrante mirada escudriña su entorno, con tanta atención que antes de que empiece a hablar, algo le impulsa a decir: «Piz,piz!» Y un lápiz cayó en sus manos.

Desde se momento, nunca dejará de crear.

Ambos comparten una aptitud natural, una inclinación inevitable. Cuando hacen lo que les gusta se sienten llenos de vida. Es lo que Ken Robinson llama estar en tu 𝘌𝘭𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵𝘰

Cuando estás en él, estableces contacto con algo fundamental para encontrar el sentido a la vida. Conectas con tu propia identidad, con tu verdadero ser, con la semilla que sabes que si cuidas, te hace crecer.

Sorolla y Picasso lo encontraron pronto, muy pronto, desde la más tierna infancia.

Aun así, no será fácil llegar a donde llegaron. Quiero contarte sus historias, sus desafíos.

Seguir nuestro instinto es ser leal a nosotros mismos, es la base del amor propio, una cualidad que desarrollaron estos dos grandes genios, no sin dificultades que disolvieron con arrojo y tenacidad.

Sorolla y Picasso tienen una larga historia por contar… Una historia que compartiré contigo en este blog cada semana.