El Greco unas cabezas magníficas

Más de cuatro siglos nos separan del arte de El Greco y el diálogo con los maestros del pasado sigue siendo un continuo en la historia del arte.
Curiosamente, los grandes artistas son los que nunca terminan de tenerles como referencia, como ya hemos hablado sobre Manet, Lucian Freud, Sorolla y cómo no Picasso.

Pero, ¿cómo se dio la aproximación de Picasso a los grandes genios?

Pablo Ruíz Picasso accede a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid con tan solo 16 años, lo que da fe de su avanzada formación y destreza. Sin embargo, por lo visto, pasó más tiempo copiando a los Viejos Maestros en el Museo del Prado que en la propia Academia.

“El museo de pinturas es hermoso: Velázquez de primera; de El Greco unas cabezas magníficas; Murillo, no me convence en todos sus cuadros; Tiziano tiene una Dolorosa muy buena; […]

Picasso a Joaquim Bas, 3 de noviembre de I897, parcialmente traducido en Pablo Picasso Retrospective, ed. William Rubin, exh cat. William Rubin, exh. cat. Museum of Modern Art, Nueva York (Boston, 1980), p. 18.

Dibujo de Ricard Opisso, tertulia en Els 4 Gats. Izquierda a derecha: Adolf Mas, Isidre Nonell, Vidal i Ventosa, Manolo Hugué, Joaquim Mir, Santiago Rusiñol, Ramón Casas, Ricard Canals, Pablo Picasso y Pere Romeu

Como vimos en el post pasado, no fue hasta bien entrado el s.XIX que la reputación de El Greco comenzó a revivir, especialmente en Francia. Cuando Manet vino a Madrid y aprovechó para visitar Toledo donde admiró muchas obras del cretense. Degas atraído por su curiosidad, llegó a adquirir dos Greco para su propia colección.

En España, los principales artistas interesados por el cretense fueron los modernistas catalanes como Isidre Nonell, Santiago Rusiñol, Ramon Cases, entre otros, a los que se suman Darío de Regogos e Ignacio Zuloaga.

No será hasta el 1902 que se celebre la primera gran retrospectiva de El Greco en el Museo del Prado como consecuencia del movimiento de reivindicación de su figura que se produjo en el último tercio del siglo XIX.

Cossío fue uno de los principales impulsores del llamado “grequismo” en España, un movimiento que buscaba revalorizar y estudiar la obra de El Greco, que había sido en gran medida olvidada durante siglos.

Cossío, a través de su labor como crítico de arte y estudioso, realizó investigaciones exhaustivas sobre la vida y obra de El Greco. Reconoció el valor único y la importancia artística de este pintor del siglo XVI, cuya obra había sido eclipsada por mucho tiempo. Cossío apreciaba la originalidad y la audacia de El Greco, así como su uso innovador del color, la composición y la perspectiva.

Una hoja de dibujos de esa época revela una línea intrigante, una invocación desgarradora: “¡El Greco, Velázquez, ¡inspírame!” – ¡Inspírame!

Pero eso no es todo, otro boceto lleva inscritas las palabras “Yo El Greco”, lo que deja aún más claro su identificación con el maestro. Son más que simples palabras; son afirmaciones audaces y sin reservas

Pablo PIcasso, Santiago Rusiñol caricaturizado como El noble de la mano en el pecho de El Greco, Josep Rocanrol i Faura, y otros bocetos, 1899-1900

El Greco y Velázquez, artistas icónicos, figuras inmortales en la historia del arte español, se convierten necesariamente en sus fuentes de inspiración y guía. Desde esa temprana edad, este estudiante ha forjado un vínculo indisoluble con los maestros, consciente de que son ellos quienes iluminarán su camino.

Pablo Picasso. «Greco, Velázquez INSPIRARME». Horta de Sant Joan, 1898-1899. Lápiz Conté sobre papel. 24,3 x 16,2 cm. Donación Pablo Picasso, 1970. Museu Picasso, Barcelona

Sus palabras trascienden el papel y nos hablan de un espíritu indomable, lleno de ambición y pasión. En un mundo que no siempre aprecia a los visionarios, él se alza y reclama su lugar.

Desde ese momento, cada trazo y pincelada llevarán el sello distintivo de aquellos a quienes admiran y respetan. Si Picasso dijo del cretense “El Greco unas cabezas magníficas”, él será sin duda, el artista y la mente más vanguardista de su época que mantuvo el diálogo más enriquecedor con sus precedentes históricos.